Volver a casa para mirar con otros ojos
Viajar a España en estas fechas tiene algo de pausa obligatoria.
No es un viaje más. No es agenda, ni reuniones, ni estudio itinerante. Es volver a casa para las fiestas de fin de año. Volver para ver a la familia. Para sentarse en sobremesas largas donde el tiempo no tiene prisa. Para escuchar conversaciones que no tienen absolutamente nada que ver con arte, producción o proyectos.
Y, sin embargo, todo acaba influyendo en el trabajo.
Hay algo en volver a Sevilla en Navidad que desactiva el ritmo acelerado de CDMX. El cuerpo baja una marcha. La mente también. Cambia la luz. Cambia el sonido de la calle. Cambia incluso la forma de caminar.
Moverme constantemente entre Ciudad de México y Sevilla me recuerda que crear también es desplazarse. No solo físicamente, sino mentalmente. Cambiar de contexto obliga a reajustar la mirada. A entender qué parte de tu identidad pertenece a un lugar y cuál se transforma en el trayecto.
En CDMX el estudio está activo, eléctrico, rodeado de estímulo constante. En Sevilla el tiempo es más espeso. Más pausado. Más circular. Y en esa diferencia aparece una fricción que no incomoda, sino que construye.
Este viaje fue menos productivo en términos visibles. No hubo grandes avances de obra ni nuevas piezas terminadas. Pero fue más necesario. Porque descansar también es producir de otra manera. Porque escuchar a tu familia, volver a los acentos de siempre, recordar historias antiguas, reajusta algo interno que luego termina filtrándose en el trabajo.
Las sobremesas largas tienen algo de laboratorio silencioso. Observas dinámicas, tonos, silencios. Recuperas una parte de ti que no está expuesta en el estudio, pero que sostiene todo lo que haces.
Viajar en estas fechas no es escapar del trabajo. Es ampliar el contexto desde el que trabajas.
Entre CDMX y Sevilla hay una distancia geográfica clara, pero también una tensión creativa constante. Una ciudad empuja hacia adelante. La otra te ancla. Y en ese equilibrio se va construyendo la obra.
Este diciembre no fue un viaje para mostrar nada. Fue un viaje para mirar hacia dentro. Para descansar sin culpa. Para reconectar con la familia y con una versión más primaria de uno mismo.
A veces crear no consiste en hacer más.
Consiste en volver.
Y entender que ese regreso también forma parte del proceso.