Sevilla en modo "Más Cara Que Espalda": crónica de un pop-up
Volver a Sevilla siempre tiene algo de ajuste de mirada.
Es una ciudad que te coloca en tu sitio sin pedir permiso.
No importa cuánto tiempo pases fuera ni cuántas capas hayas sumado en otros lugares. Sevilla tiene esa capacidad de reducirlo todo a lo esencial. Te obliga a mirar distinto. A recordar de dónde viene tu forma de entender el espacio, la luz, el ritmo.
Este enero decidí llevar Más Cara Que Espalda allí durante unos días. No como una exposición formal, no como un evento con estructura rígida, sino como un encuentro.
El pop-up tuvo lugar en Marcos Venecia, el mejor enmarcador de Sevilla. Y no es una frase lanzada al aire. Hay algo muy coherente en mostrar obra en el taller de alguien que entiende el marco no como accesorio, sino como parte de la pieza. El lugar ya tenía una sensibilidad propia: madera, oficio, precisión, silencio. Era el contexto perfecto para que las piezas respiraran de otra manera.
La idea era clara: mostrar esculturas, obra gráfica y bocetos en un entorno cercano, casi doméstico. Sin distancia. Sin protocolo. Con la conversación al mismo nivel que los objetos.
No quería una inauguración al uso. Me interesaba algo más orgánico. Que la gente pudiera acercarse sin sentir que entraba en una galería, sino en un espacio de trabajo. Que la obra estuviera presente, pero no impusiera silencio.
Hubo esculturas apoyadas donde normalmente habría herramientas. Obra gráfica dialogando con marcos aún sin colgar. Bocetos que parecían más confesión que producto terminado. Y, sobre todo, tiempo. Tiempo para hablar sin prisas. Para explicar procesos. Para escuchar interpretaciones que en CDMX quizás no aparecen.
Me interesaba observar cómo cambiaban las piezas fuera del estudio en Roma Norte. Cómo respondían a otra luz, a otro ritmo, a otra forma de estar. Sevilla tiene una manera particular de mirar: más directa, menos mediada, menos filtrada. Eso modifica la lectura de la obra.
Algunas piezas se sentían más crudas. Otras más contenidas. Algunas parecían encontrar una raíz que en México se diluye entre capas contemporáneas.
Más que vender, el pop-up fue una forma de reconectar. Con gente que me ha visto empezar. Con acentos que siguen marcando mi manera de hablar. Con una ciudad que forma parte estructural de mi biografía, aunque ahora viva y trabaje en Ciudad de México.
Mostrar obra en Sevilla no es lo mismo que hacerlo en CDMX. Cambia el contexto, cambia el público, cambia incluso el tipo de preguntas que aparecen. Y eso es saludable. Obliga a revisar. A ajustar. A no acomodarse.
Volver no fue nostalgia. Fue contraste.
Y el contraste, como en cualquier proceso creativo, es necesario.
Sevilla no es solo el lugar del que vienes. Es también el espejo donde compruebas si lo que estás construyendo sigue teniendo coherencia.
Durante unos días, Más Cara Que Espalda habitó ese espejo.
Y fue bueno mirarse ahí.