Rocio y Felipe
No todo lo que construye el trabajo ocurre dentro del estudio. Hay momentos que, sin tener una relación directa con lo que se produce, terminan influyendo en todo. La boda de mi hermano pequeño, Felipe, con Rocío, en Sevilla el 14 de febrero, es uno de esos momentos. San Valentín, sí, pero sin artificio. Más bien una celebración cercana, familiar, con ese ritmo que solo tiene el sur.
Volver a Sevilla siempre tiene algo de reajuste. Es un lugar que te coloca en otra posición, más personal, más directa. Cambia la velocidad, cambia la forma de estar. Entre familia, amigos, conversaciones largas y tiempos muertos que no son tan muertos, uno vuelve a mirar de otra manera.
Este tipo de experiencias no se traducen directamente en piezas, pero están presentes en todo lo que viene después. La manera de entender el tiempo, la importancia de lo cercano, el valor de lo que no se produce pero se vive. Todo eso se filtra, aunque no sea evidente.
A veces, alejarse del trabajo es la forma más honesta de seguir construyéndolo. Parar no siempre es detenerse. En muchos casos, es simplemente coger otra perspectiva.