Mi primer escultura

Mi primer escultura

Hay momentos en los que el trabajo pide moverse. No necesariamente cambiar, pero sí expandirse. Esta primera escultura en madera de haya nace de esa necesidad, de llevar el lenguaje que ya existe en el dibujo a otro plano, a otra dimensión, donde el tiempo, el gesto y el material funcionan de manera distinta. No es una ruptura, es más bien una continuidad llevada a otro lugar.

La madera tiene algo que obliga a estar presente. No permite la misma ligereza que el papel, no hay posibilidad de corregir sin dejar rastro. Cada decisión pesa, cada corte cuenta. La haya, en particular, tiene una firmeza que exige precisión, pero al mismo tiempo responde bien al gesto. Es un material que acompaña, pero no perdona.

El proceso empieza igual que siempre: con un dibujo. Pero a partir de ahí todo cambia. Lo que en el papel es línea, aquí se convierte en volumen, en profundidad, en resistencia. El trabajo se vuelve más físico, más lento, más consciente. Hay algo casi meditativo en el proceso, en la repetición, en el tiempo que requiere cada avance.

Esta primera pieza no pretende ser un resultado final, ni una declaración cerrada. Es más bien un inicio, una forma de entender cómo se comporta el lenguaje en otro material, qué se mantiene y qué cambia. Es un primer paso que abre muchas preguntas y, probablemente, también muchas líneas de trabajo futuras. No es un giro, es una ampliación.