Mi Casa, Tu Casa
Hay exposiciones que se montan y otras que se habitan. “Mi Casa, Tu Casa” nació con esa intención desde el principio: abrir el estudio no solo como un lugar donde mostrar obra, sino como un espacio que se comparte. Durante Art Week, el estudio dejó de ser únicamente mío para convertirse en un punto de encuentro en el que la obra, las personas y el ambiente convivían sin jerarquías claras. La idea no era que la gente viniera solo a ver, sino a quedarse, a moverse con naturalidad, a apropiarse del espacio aunque fuera por unas horas.
El opening fue exactamente lo que uno espera y, al mismo tiempo, nunca puede prever. La gente entraba y salía, volvía, se cruzaban conversaciones, las copas empezaban a circular y poco a poco la exposición se convirtió en una fiesta sin que nadie lo decidiera explícitamente. Eso siempre es una buena señal. Cuando el espacio deja de sentirse rígido y empieza a respirar, cuando la obra deja de ser algo distante y pasa a formar parte de la experiencia, es cuando todo empieza a funcionar de verdad.
La colección estaba pensada para ese contexto. Piezas que pueden sostenerse en silencio pero que también funcionan bien en compañía, en movimiento, rodeadas de ruido, de música, de miradas distintas. Retratos, composiciones más gráficas, elementos simbólicos… todo convivía dentro de una lógica que no buscaba imponer, sino generar cercanía. Ver cómo cada persona se relacionaba con las piezas, cómo cambiaban según quién las miraba, fue probablemente lo más interesante de todo.
Más de la mitad de la obra encontró su lugar durante esos días, lo cual evidentemente es importante, pero no es lo único. Lo relevante fue entender que abrir el estudio cambia completamente la dinámica. El título no es casual: “Mi Casa, Tu Casa” habla de hospitalidad, pero también de ese momento en el que el visitante deja de ser visitante. Durante unos días, el estudio dejó de ser un espacio privado para convertirse en algo compartido, y eso, más que una exposición, es una forma de entender el trabajo.